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Diciembre 26, 2023 02:27 hrs.

Armando Ríos Ruiz › tabloiderevista.com

Política ›


Los políticos están forrados con una piel especial que admite ciertas condiciones. Es capaz de ser permeada por lo que denigra su figura, como el cinismo y de rechazar cualidades importantes como la vergüenza, que parece no sentir en ninguna circunstancia que a cualquier persona normal ruborizaría.

Cuando alguna situación debe procurarles mucha pena, actúan con el mayor cinismo y como si hicieran una gracia. Esto ocurre desde el más encumbrado en los cargos que existen, hasta en los medianos y en los de más abajo. Estos últimos están algo así como que en una etapa de preparación o de aprendizaje, para exhibir esa ambivalencia cuando se necesite.

Cuando el Presidente estaba en campaña, militantes de todos los partidos observaron primero, que el saliente Peña Nieto se cruzó de brazos y dejó solo a su candidato José Antonio Meade. Segundo, en un análisis rápido, cayeron en la cuenta de que el candidato y Peña habían hecho un pacto. Entendieron la jugada y se desató la desbandada hacia Morena, para no quedarse sin trabajo.
Son de tal condición vergonzosa, que más rápido que la luz olvidaron sus años de militancia en otros organismos políticos que hasta el momento les habían dado todo. Los desecharon como trates viejos y se adhirieron a Morena con la promesa de servirle sin condiciones. A lo largo de cinco años, también descubrieron su verdadera personalidad de lacayos.

Hoy es exactamente igual que la última elección presidencial, aunque con candidato diferente y desangelado, que no ofrece aún una seguridad absoluta de obtener el triunfo. De todas maneras, los políticos del PRI toman providencias y ya se tiraron al suelo como tapetes, para demostrar a la clon del Primer Mandatario que están decididos a dejarse pisotear, con tal de ser admitidos en Morena.
¿Cuál es la realidad ante estos hechos que, insistimos, son vergonzosos y hasta causan pena ajena? Pues que los más quieren el agradecimiento de la candidata por ayudarle a ganar la competencia y de esa manera, obtener el indulto por las fechorías que cometieron en los cargos que ostentaron.

Otros, simplemente desean obtener alguna prebenda si el triunfo favorece a la morenista. Así ocurrió hace cinco años. Muchos priistas y de otros partidos recibieron bendiciones y se convirtieron hasta en líderes de las cámaras. Algunos inclusive aspiraron a los gobiernos de sus estados.

Se les adelantaron algunos gobernadores que fueron transformados en embajadores, como el caso de Quirino Ordaz y otros. Éste ya quiere regresar a su país para convertirse en senador bajo las siglas del partido guinda.
¿Se repetirá la misma situación con Claudia? Puede ser, si los que cambiaron de piel como las víboras, se embonan la camiseta hasta los huesos y dan excelentes resultados durante la campaña, con el acarreo de votantes. No pueden ofrecer más que eso y ya lo han expuesto a la aspirante, con la promesa de trabajar denodadamente para recorrer todo el país con su oferta política.

Claudia les dará la bienvenida pero sin ofrecerles nada y es obvio, porque aún no tiene el pájaro en la mano —sin albures de ninguna índole—, aunque debe haberles advertido que primero tendrán que demostrar que también están dispuestos a ser metidos en el aparato que los transforma en lacayos y luego, cuando el dios de los políticos le cumpla, pues ya verán.

¿Y quién será el ciudadano incauto que crea eso de que no buscan chamba ni hueso? Es obvio que no se trata de esto en muchos casos, sino de obtener desde ahora amnistía para sus actos de corrupción que ya deben formar parte del archivo del Presidente en funciones y que para muchos continuará de facto en el cargo.
Los lisonjeros dicen que la invitación del Presidente a otros políticos, es porque están bien evaluados con los mejores resultados y no se trata de una cooptación de militantes de otros organismos. Pero ¿Quiénes son los mejor evaluados? Obvio: los que mejor se arrastran.
ariosruiz@gmail.com

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Mejor arrastrarse que quedarse

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