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Noviembre 27, 2023 22:22 hrs.

Carlos Carral Hernández › Divergencias Informativa

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Con mucha regularidad y pasión, cada que encontramos un pretexto, resaltamos el peligro de confundir entre la idea general en torno al concepto de ciudadanía y la de ser trabajador, aunque este asunto es mucho más complejo, el problema es que en la mayoría de nuestra facetas nos asumimos y tomamos decisiones en función de nuestra visión de consumo, es decir, como diría el vídeo ’la historia de las cosas’, no somos granjeros, profesores, estudiantes o cualquier otra cosa, somos realmente consumidores y así tomamos decisiones.

La liberalización de la política y la tendencia que inevitable sigue el pensamiento liberal en la formación de la Sociedad Civil, por un lado fomentan esa visión de consumo en la toma de decisiones de todo tipo y por el otro han moldeado a un sujeto inmediatista y reaccionario frente a los fenómenos sociales negativos o positivos, el que el modelo económico ha reproducido por millones con ligeras diferencias, diferencias que están consideradas como una calculada normalidad, que no pone de ninguna manera en riesgo lo ya establecido.

Como también en muchas ocasiones lo hemos señalado, los sindicatos son la manifestación más perfecta de la organización de la sociedad civil, los que sin buscar ejercer el poder, luchan desde la óptica de las diferencias económicas y sociales en contra de la desigualdad y los errores en la distribución de la riqueza que se genera con el libre mercado.

Terriblemente el modelo económico, el de ese libre mercado, ha visto a los sindicatos como un mal necesario, son como una especie de aspirina frente a una enfermedad mayor, en la que los trabajadores no sienten la explotación tan fuerte al creer que efectivamente avanzan en la defensa y mejoramiento de sus derechos e intereses, aunque ocurre todo lo contrario, sin darse cuenta poco a poco esa visión de consumo ha permeado en la lucha sindical, todo ello gracias a que el sistema no sólo aceptó la existencia de estas organizaciones, sino que ha logrado invadirlos y controlarlos ideológicamente, todo ellos con la idea de libertad a secas.

Con todo este antecedente, el trabajador sindicalizado, con una mentalidad de consumidor, no tiene idea lo que es el sindicalismo de clase, no sabe que es la corresponsabilidad y la solidaridad en la lucha sindical y lo peor, ni siquiera sabe que no lo sabe; se comporta como una especie de hijo de clase media ultra consentido, que cree que existe un camino rápido y sin esfuerzo para alcanzar cualquier cosa que se le ocurra o necesite y si no se alcanza, se culpa a quien en su nombre debió alcanzarlo, al final del día para eso lo puso en algún cargo de elección sindical.

También como buen consumidor, prioriza los beneficios de goce inmediato, principalmente los de índole económico y como el individualismo lo trae a flor de piel, a su parecer merece todo y reclama con mucha efusividad que cualquier beneficio le sea entregado, sin importar que sus pares también tengan derecho a ello o no, una combinación mortal que en cualquier espacio en el que se encuentre el sindicalista, sea representante o trabajador de a pie, facilita incurra en actos de corrupción, al final del día en este modelo económico lo que importa es tener, sin importar cómo se obtenga.

Con su visión de hijo consentido, no acepta a ninguna autoridad, tampoco entiende el porque de su importancia y mucho menos porqué para mandar, primero hay que aprender a atender indicaciones, una realidad en la que como muestra, han sido los propios sindicatos los que han estado a punto cuando menos de ser los propios enemigos de su lucha por la dignificación de sus condiciones laborales, casos de estos sobran, a la vuelta de la esquina.

Estos son los opositores que ha creado el modelo económico, una clase trabajadora que al igual como ocurre en nuestra faceta de ciudadanos con en el sistema de partidos, que aparezca un o una mesías que por fin les resuelva todos sus problemas, creyendo que los incumplimientos del pasado tienen nombre y apellido y que no son realmente un problema de una clase social aspiracionista como la media, que es manipulable de manera sencilla, en la que sus miembros también están dispuestos a hacer lo que quieran con tal de caminar a la realidad individual soñada que aseguran merecer, aunque si alrededor se caiga a cachos.

Consideramos importante la reflexión, porque es a la generación de quienes hoy son parte de un sindicato, a quienes les tocará defender lo que queda de los logros y concesiones del Estado de Bienestar, una visión del mundo del trabajo que a pesar de tener una esperanza de organización y lucha, inevitablemente se irá diluyendo para darle paso a un sindicalismo que cree que puede ser congruentemente de derecha, una idea que aunque no la razona tal cual, la lleva a cabo en su comportamiento, discurso, intereses y objetivos inmediatistas.

Seguramente nos equivocamos en mucho de lo que hemos dicho, pero estamos seguros que también en mucho no lo hacemos, incluso tal vez deberíamos referirnos a los sindicalizados, más que a sindicalistas, ya que entre ambos términos hay grandes diferencias.

ADDENDA

1. Una manifestación más de una sociedad que ha hecho de la estupidez, la falta de crítica y la búsqueda de reconocimiento social su forma de vida, es el caso del joven al que prendieron fuego en una escuela técnica en Texcoco, así las preguntas son varias: ¿dónde están los padres de los agresores?, ¿qué valores les han infundido?. No cabe duda que con lo sucedido, estos adolecentes que han marcado su vida para siempre, viven en medio del olvido de su propio ceno familiar, de otra forma no se puede entender lo tonto de su actuación y la falta más mínima de empatía en su razonamiento.

2. Otra vez la burra al trigo. Dicen en la 4T que están luchando por erradicar la violencia contra la mujer, si esto es verdad, regresar a un esquema de economía mixta y derechos sociales es el único camino, no hay que engañar a las mujeres con el rollo de que con leyes que dicen garantizarles el acceso a una vida libre de violencia, están más que protegidas, esas leyes no han dado resultados y ni los darán.

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