¿Por qué Dinamarca sí tiene innovación tecnológica y México no? - De la Rosa - Magdalena Contreras - diarioalmomento.com

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Febrero 28, 2022 20:15 hrs.

Raúl de la Rosa Méndez › diarioalmomento.com

Política Estados › México Ciudad de México


Esa pregunta es fácil de responder pero de alto grado de complejidad para comprender la respuesta. Básicamente por los determinantes de la competitividad que son muchos y complejos. Los economistas han intentado desde hace mucho tiempo comprender qué determina la riqueza de las naciones. Éste intento ha oscilado desde Adam Smith, enfocado en la especialización y la división del trabajo, hasta los postulados del paradigma clásico marxista, pasando por el neoliberalismo de los economistas neoclásicos que hacían énfasis en la inversión en capital físico e infraestructuras y más recientemente interesados en otros mecanismos como la educación, el progreso tecnológico, la estabilidad macroeconómica, el buen gobierno, la transparencia y el buen funcionamiento de las leyes, la sofisticación de las empresas, las condiciones de la demanda, el tamaño del mercado, etc., etc., etc.
Según diversos economistas como factores de competitividad se señalan la innovación, el capital humano y la infraestructura, entre otros. Es importante mencionar que con respecto a la evaluación de la competitividad a nivel nacional, la metodología más aceptada es la elaborada por el IMD (International Institute for Management Development, IMD) que en el World Competitiveness Yearbook (Anuario de Competitividad Mundial), que en 2010 analizó los datos de 58 economías del mundo (Alemania, EEUU, Corea del Sur, India, Japón, México, Portugal Suecia, Sudáfrica y Venezuela, entre otros 49 países), aplicando 327 criterios de competitividad agrupados en cuatro principales factores de competitividad: Desempeño económico, eficiencia del Gobierno, eficiencia de las empresas e infraestructura del Estado-nación.


De todos esos análisis, se pueden formar 5 grupos, donde cada grupo es compatible en un nivel de desarrollo tecnológico no tan dispar. Dinamarca estuvo en el primer grupo, con Alemania, Corea del Sur, EEUU, Finlandia, Israel, Islandia, Japón, Noruega, Suecia, Suiza y Taiwán. Mientras que México, estuvo con Perú, Chile, Colombia, Brasil, Jordania, Sudáfrica, Tailandia, Turquía, etc. Pero aún en ese grupo, México sigue estando muy por debajo con respecto a los propios niveles de los otros miembros de su grupo.


Con solo dos datos lo entenderemos.

De acuerdo con el Índice Global de Talento 2011-2015 (Economist Intelligence Unit), EEUU ha sido el país líder en la captación de talentos al presentar la puntuación más elevada en comparación con 60 países analizados (dentro de ellos, México). Es un imán para el talento del mundo desde finales del siglo XIX y casi siempre encabeza las mediciones al respecto de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), pero en el Índice de Talento Global, además de EEUU los países estelares son los países nórdicos, desde el año 2000, por su capacidad de producir y atraer talento. Entre los 5 primeros lugares figuran, en los últimos 20 años, Dinamarca, Finlandia y Noruega, y Suecia que a partir del 2015 alcanzó dichos niveles. En ésta región como un todo, las importantes inversiones en todos los niveles educativos hasta la universidad como porcentaje de su Producto Interno Bruto (PIB) explican por qué tienen una actuación tan prominente que rivaliza en el mundo desarrollado en general.

Segundo dato, hasta el 2017, uno de los muchos obstáculos estructurales de México, a diferencia de Dinamarca, tiene que ver con el sector educativo: los jóvenes estudiantes son insuficientes en aquellas profesiones relacionadas con la economía del conocimiento, como las áreas STEM (en inglés, science, technology, engineering, mathematic). No solo hay escasez de captación de jóvenes talentosos en México, pues las universidades, principalmente las públicas, atienden demanda pero no hay áreas específicas para buscar y captar talentos (quizá una excepción, insignificante, pero excepción, es el ITESM. Aunque es una Institución de Educación Superior, IES, privada). Y quienes logran llegar a la Educación Superior e México, demandan las profesiones ajenas al STEM. En 2015, el 89% de los estudiantes de educación superior en México estaban matriculados en programas de licenciatura, frente al promedio de la OCDE del 61%; 4.5% en programas de técnico superior universitario y profesional asociado, frente al promedio de la OCDE del 20.4%; 5.9% en programas de especialización y maestría, frente al promedio de la OCDE del 16%; y menos del 1% (0.9%) en programas de doctorado, frente al promedio de la OCDE del 2.4%. Los dos campos de estudio más frecuentes son derecho y administración de empresas, con un 35.1% de nuevos matriculados; seguidos de ingeniería, industria y construcción (24.4%), los cuales se hallan muy por encima de los promedios de la OCDE (23.3% y 16.5%, respectivamente). Los programas de salud y bienestar también son relativamente comunes (10.1% frente a 13% del promedio de la OCDE). Las ciencias naturales, matemáticas y estadística, junto con las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), muestran proporciones bajas de matriculados en México (3.1% y 1.9%, respectivamente), muy inferiores a los promedios de la OCDE (6.5% y 4.6%, respectivamente). Hasta el 2018, México tenía la proporción más baja entre los países de la OCDE de adultos (25-64 años) con un título de educación superior (17%), una cifra muy inferior al promedio de la OCDE (37%), y por debajo de otros países de la región, tales como Chile (23%), Colombia (23%), Costa Rica (23%) o Argentina (21%).

Éstos dos datos nos explican porqué Dinamarca, Sí, y México, No. Y en tanto sigamos entrando a entender los datos duros, más dolorosa y evidente es nuestra situación nacional e internacional, en ciencia y tecnología.

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