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Diciembre 19, 2018 10:57 hrs.

Norma L. Vázquez Alanís › diarioalmomento.com

Cultura Nacional › México Ciudad de México


(Tercera y última parte)

En el siglo XVII hubo en Nueva España varios empresarios notables como Juan de Chavarría, conocido porque fue el patrocinador del Colegio de san Gregorio, de la Compañía de Jesús, que actualmente es la Universidad Obrera que fundó Vicente Lombardo Toledano, expresó la doctora en Historia Cristina Torales Pacheco en su conferencia ’Empresarios novohispanos en el siglo XVII’, en el Centro de Estudios de Historia de México (CEHM).

Chavarría fue un hombre riquísimo del siglo XVII que invirtió la mayor parte de su inmensa fortuna en órdenes religiosas, en especial en la iglesia de Loreto y en el Colegio de san Gregorio, que era para caciques nativos y tenía como propósito formar cuadros educados de la sociedad indígena.

La personalidad de Juan de Chavarría y su proyecto económico se encuentran en los sermones que dejaron quienes fueron sus beneficiarios y confesores, como el padre Antonio Núñez de Miranda, quien escribió: ’era su prudente cautela y cautelosísimo disimulo, tímidamente recatado y aún injusta, excesiva y nocivamente humilde, el que nos arrebató de noticias reportándolas de antemano o ante bien en el sepulcral abismo, ese inviolable silencio y bien entendido desentenderse de todo’, es decir, que era un hombre sobrio en su actuar, muy modesto en su vida cotidiana y totalmente dedicado a sus negocios.

Continúa Núñez de Miranda: ’Fue rico y muy rico, pero tan ajustado a la ley de Dios, a las leyes de caballero y obligaciones de cristiano, que no sólo llegó a vivir entre las abundancias sin culpa, sin mácula, sino ejercitando heroicas virtudes’. Núñez de Miranda -también confesor de sor Juana- quedó como albacea de sus bienes y veló por que se cumplieran sus decisiones.

Otro empresario notable de la época fue José de Retes Largache, a quien se conoce por su vinculación y patrocinio al convento de san Diego de Alcalá, pero es importante desde el punto de vista económico porque fue el primer apartador del oro y la plata; obtuvo ese título mediante el pago de 60 mil pesos cuando el virrey Francisco Fernández de la Cueva y Enríquez de Cabrera decidió en 1665 crear y vender, por concurso público, el oficio de Apartador General, cargo muy importante con el cual incrementó su fortuna.

De Retes Largache fue también síndico de la provincia de San Diego de Alcalá y los dieguinos en sus crónicas dejaron huella de este empresario. Pero también fue y se reconoce como patrono del convento de san Bernardo, del cual sólo queda una iglesia que está a un lado del almacén ‘El palacio de hierro’ en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Empresario multifacético y controvertido

Con una mentalidad distinta a la de los empresarios ya mencionados, fue Antonio Urrutia de Vergara -propietario de la Casa de los azulejos, cuya escritura se conserva el CEHM-, quien no fue patrocinador de obras religiosas o conventos e incluso en sus documentos y cartas escribió que ’buscar un patronazgo o la vinculación con una obra pía no significaba algo que fuera con su moralidad, que eso era pretensión, querer lucirse ante la sociedad y que él no pretendía hacer eso’.

Urrutia de Vergara era un individuo muy controvertido que se ha estudiado muy poco, pero que logró ser el hombre más poderoso de finales del siglo XVII; económicamente quizá fue el de mayor fortuna en la Nueva España y es interesante cómo logró todo esto, dijo la conferenciante.

En la historiografía española, sobre todo en una biografía de Juan de Palafox (obispo y virrey) de la historiadora Cayetana Álvarez de Toledo, se le tacha de corrupto por haber estado asociado con el virrey Palafox, muy criticado en su regencia. Urrutia de Vergara era su representante en la Nueva España, entonces en los documentos que son más de carácter judicial contra el virrey, lo califican como un individuo corrupto, pero habría que valorarlo, agregó Torales Pacheco, quien es investigadora de la Universidad Iberoamericana.

En la historiografía mexicana sería conocido como el precursor de los bomberos porque mandó traer unas máquinas alemanas para apagar incendios; cuando muy joven llegó a la Nueva España y comenzó a trabajar en el campo de las guardias (su padre fue pagador general de las Guardias de Indias en Honduras) y luego hábilmente buscó la forma de asociarse con el gobierno para ser recaudador de impuestos. En el siglo XVII no existía una estructura fiscal para tal efecto. La monarquía cobraba los impuestos a través de asociaciones con los particulares que le ayudaban en esta tarea y para tal efecto vinculaba o remataba los contratos anuales a quienes demostraran la capacidad económica para comprar estos impuestos.

Acumuló riqueza al trabajar para el gobierno

Urrutia de Vergara acumuló un capital importante como recaudador del Medio Real, un impuesto sobre la sociedad indígena, el cual cobraba mediante sus contactos a nivel rural. De este gravamen le pagaba su parte a la Corona y la suya la iba atesorando; así logró tener una fortuna considerable a mediados del siglo XVII, que le permitió ser financiero del gobierno, al que le prestaba dinero cuando las arcas del virreinato o la Corona no lo tenían y debían mandar fondos a Filipinas para sostener a esa colonia.

Urrutia de Vergara también apoyaba al gobierno en su calidad de capitán y maestro de campo, mediante el préstamo de las armas que tenía en su casa porque en esa época no había ejército permanente y cuando había peligro las usaba. Para sofocar una sublevación el virreinato tenía que buscar abastecimiento de armas y este empresario proporcionaba hombres armados a cambio de cierta cantidad de dinero; era un personaje hábil que estaba haciéndose de capital a través de sus servicios al gobierno.

Además, para agradecerle la utilización de sus equipos para apagar incendios, el gobierno lo dejó participar en obras públicas como la fortaleza de Veracruz, el desagüe de México, la reparación de calzadas y la limpieza de acequias, dijo la doctora Torales Pacheco.

Luego tuvo dificultades con uno de los virreyes y lo expulsaron de la ciudad por un tiempo, se fue a Texcoco y ahí compró la magnífica hacienda Molino de flores (hoy parque nacional), cuyo casco está en ruinas pero que fue de una grandeza impresionante, y el rancho del Batán. Estas haciendas productoras de grano y de pulque, estaban próximas a la ciudad y ello aumentó sus posibilidades de participar en el abasto para la urbe. Después, ante la importancia de la producción azucarera, compró dos haciendas en la región de tierra caliente de Michoacán. Urrutia de Vergara fue un empresario multifacético, insistió la doctora Torales Pacheco.

Empresarios en pareja

Por último, mencionó a Gertrudis de la Peña, marquesa de las Torres de Rada, una empresaria que a través de sus tres matrimonios logró acumular una inmensa fortuna que donó a los jesuitas al final del siglo XVII para la edificación, entre otras obras, de la Casa Profesa en la ciudad de México.

Su esposo, José de la Puente y Peña, marqués de Villapuente, también fue empresario, pero de carácter global, porque los mencionados anteriormente trabajaron y desarrollaron sus fortunas e invirtieron en Nueva España, pero este personaje inmensamente rico donó su fortuna a la Compañía de Jesús para desarrollar el proyecto de expansión de las misiones a las Californias y fue un gran benefactor de las misiones jesuitas en China, concluyó la conferenciante.

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