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Enero 25, 2024 22:21 hrs.

Armando Ríos Ruiz › tabloiderevista.com

Política ›


Si los mexicanos se hartaron de los corruptos gobiernos del PRI, cada vez más exhibicionistas y cínicos con el enriquecimiento desbordado durante las ferias sexenales, al grado de ansiar con todas las fuerzas de su sentir un cambio, cualquiera que fuera, hasta caer en lo inesperadamente peor, esos mismos ciudadanos ya han dado muestras claras de querer otro cambio, apenas a cinco años de experimentar la grave equivocación en que cayeron.

Lo lamentable será que la mudanza derive en intentos por realizarla por sus propios medios. A su manera de entender o simplemente instados por la desesperación que ya asoma en muchos, para deshacerse de lo que les causa daño irreversible, permitido por un gobierno torpe y empecinado en tolerar contra viento y marea a las hordas de asesinos que hoy invaden el país entero.

No quedará de otra, debido a que quien tiene que poner orden declara, para que todo mundo lo sepa, que su estrategia de apapachos a la delincuencia o de seguridad y combate al crimen es la mejor que alguien haya podido imponer, secundada por sus secuaces secretarios de Seguridad, con el cuento de que los delitos se esfuman cada día, sin que obedezcan a alguna estrategia.
Es decir, porque ellos, engreídos dioses de barro, los combaten con decretos.

La gente pacífica, pobre y trabajadora, que en muchos lugares de México sostiene a sus familias con su esfuerzo cotidiano, arduo y fatigoso, ya comenzó a dar muestras de ese hartazgo, porque hoy sufre el sometimiento impuesto por los criminales que, armados hasta los dientes, les quitan el dinero que juntan para sus familias.

Porque también deducen que estas actitudes delictivas derivan del consentimiento de su gobierno, que hasta sonríe cuando los menciona.
¿Cuánto debe el gobierno a estas pandillas que se han multiplicado como células cancerígenas? Debe ser una deuda muy grande. Tanto, que no ha bastado el sexenio para saldarla.

Pero al mismo tiempo, la tolerancia también reditúa, ya que el que tolera las utiliza para imponer miedo a sus enemigos y para orientar el voto en tiempo de elecciones. Para matar inclusive a los indeseables del Sistema.
Pero el sometido también puede rebelarse. Ya hay algunos brotes. El último es el que se suscitó en la comunidad de Texcapilla, municipio de Texcaltitlán, Estado de México, durante el cierre de la semana pasada, cuando se dio un enfrentamiento entre los delincuentes y los campesinos que acudieron a un campo deportivo a pagar el derecho de piso.

Cansados, los lugareños, que no lograron juntar lo suficiente para ese pago y con ello despertaron la inconformidad de sus verdugos, reaccionaron con objetos de labranza como armas y los enfrentaron. Esto trajo como resultado la muerte de once cobradores, mientras tres de ellos también perdieron la vida. Otros más están gravemente heridos y hay hasta desaparecidos.

Pero esto ocurrió frente a policías del estado, a la Guardia Nacional y a otras corporaciones que, seguramente, como hoy se estila, tienen orden de permitir a los malosos hacer y deshacer frente a sus narices. Porque hoy y no sabemos hasta cuándo, todos los días es el día de los criminales. Tal vez en cualquier momento, se disponga hacerles un monumento.

Mientras tanto, el gobierno desdeña hechos como el anterior y cuando cobra alguna muy ligera conciencia, emite pésames a las familias agraviadas, como si con esto pudiera aliviar la aflicción de los deudos. Pero ocurre con apenas unos cuantos. No con todos los cientos de miles de mexicanos asesinados y desaparecidos durante este sexenio.

Debemos recordar que cuando la gente se concientiza, no hay nada que la frene. Ha ocurrido a través de la historia, con las grandes revoluciones en diferentes países del mundo. La conciencia y el hambre son dos de los principales ingredientes que provocan las grandes decisiones para echar a andar la maquinaria que fabrica los también grandes remedios. Aunque muy costosos.
ariosruiz@gmail.com


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