1

1,366 vistas

Junio 05, 2020 01:23 hrs.

Jesús Yáñez Orozco › diarioalmomento.com

Deportes Estados › México Ciudad de México


+Dudaban asistir porque los militares habían desaparecido a una joven argentina de origen sueco

+El ex defensor acepta se solidarizaron con las Madres de Plaza de Mayo

+Incluso, él y varios de ellos, fueron a visitarlas

Ciudad de México, (BALÓN CUADRADO).- Más de cuatro décadas después, sigue sin cicatrizar aquella honda herida que dejó la última dictadura militar argentina, 1976-1982 –a la oscura sombra de la Operación Cóndor, auspiciada por el gobierno de Estados Unidos–. Intentaba exorcizar los demonios que tuvieran un tufillo azufroso a socialismo cubano-soviético en el Cono Sur.

Mientras el balón rodaba sobre el verde irremediable del césped, en la canchas del Mundial de Futbol 1978, hace 42 años, donde el equipo anfitrión, conducido por César Luis Menotti, ganó el título, había tortura, asesinatos, desaparecidos…inenarrable infamia. Fuerzas castrenses argentinas, en aquellos aciagos años simbolizaban desaforados demonios vestidos de olivo.

Circo deportivo, al amparo de la FIFA, encabezado por Joao Havelange –quien había designado vicepresidente al mexicano Guillermo Cañedo de la Bárcena–, de la mano del tiránico Rafael Videla, enmascararon una de las historias más vergonzantes de América Latina.

Y que originó el surgimiento de las mundialmente conocidas Madres de Plaza de Mayo que, desde entonces, buscan afanosamente a hijos y nietos desaparecidos. Ahora muchas de ellas son abuelas. Otras han muerto en el intento.

Eran –son— el rostro visible de aquella herida que arrojó, al vacío de la memoria colectiva, 30 mil muertos desaparecidos durante casi siete años de ignominia humana.

En aquél entonces, ahora se sabe, algunos jugadores mundialistas de selecciones europeas reverenciaron su titánica y heroica labor.

Es el caso del exdefensor y capitán del equipo sueco, Björn Nordqvist.

Tres veces mundialista reconoció que «hubo muchas discusiones» en su país, acerca de la participación del seleccionado nacional de futbol, en el Mundial de Argentina de 1978, y confirmó que con un grupo de compañeros del plantel, en efecto, fue a solidarizarse con las Madres de Plaza de Mayo.

Nordqvist, además, contó que los integrantes de su Selección sabían sobre la dictadura cívico militar que encabezaba Jorge Rafael Videla en la Argentina, y que conocía el caso de Dagmar Hagelin, adolescente de ascendencia sueca que fue desaparecida en 1977 y que originó en toda Europa una fuerte campaña de boicot al Mundial ’78.

«Un periodista de nuestro país que había viajado a la Argentina vino a dar una charla al plantel para contarnos», recordó Nordqvist, en una entrevista exclusiva a través de correo electrónico con el portal argentino Télam, a 42 años de ese torneo, que se celebran en estas fechas.

El ex defensor, nacido en la ciudad de Hallsbetg el 6 de octubre de 1942 (tiene 77 años), jugó en los clubes Norrköping, IFK Göteborg, Orgryte, Landskrona y Hovås -en el que se retiró- como así también en PSV Eindhoven (Holnada) y Minnesota Thunder (Estados Unidos).

Con su Selección disputó 115 encuentros (no marcó goles) y estuvo en tres mundiales: México ’70, Alemania Federal 1974 y Argentina. Nordqvist ya no está vinculado al futbol y vive en Västra Frölunda, en las afueras de Götemburgo.

En el Mundial ’78 Suecia integró el grupo 3 y quedó eliminado en primera ronda al finalizar en el último lugar con un punto: debutó con un empate con Brasil por 1-1, en el estadio José María Minella de Mar de Plata, y luego perdió con Austria y España, 1 a 0 en ambos casos, en el estadio José Amalfitani de Vélez Sarsfield.

–¿El plantel sabía sobre la dictadura cívico militar de la Argentina?

–Sí, todos los integrantes de mi seleccionado sabíamos sobre la dictadura. Salía en los diarios. Y poco antes del Mundial, un periodista de nuestro país que había viajado a la Argentina vino a darnos una charla para contarnos.

–¿Y qué fue lo que motivó la idea del boicot que se impulsaba en su país?

–Lo que desencadenó todo fue el caso de Dagmar Hagelin, una chica argentina que tenía ciudadanía sueca y fue desaparecida un año antes (ndr: Dagmar Hagelin, de 17 años y militante de la Unión de Estudiantes Secundarios, fue secuestada en enero de 1977 en El Palomar por un grupo de tareas de la Armada al mando de Alfredo Astiz). A partir de eso hubo muchas discusiones en mi país acerca de si debíamos jugar o no.

–Según un artículo del diario francés Le Monde, publicado en junio de 1978, durante el desarrollo del Mundial, usted fue a ver a las Madres de Plaza de Mayo con un grupo de compañeros. ¿Esto fue así?

–Sí, fue así. Sabíamos acerca de las Madres de Plaza de Mayo porque también estaba en los diarios de nuestro país, y unos cinco o seis de nosotros fuimos a verlas. No puedo recordar si Ralf (Edstrom, una de las figuras del equipo) estaba con nosotros, pero había mucha gente en la Plaza.

–¿Usted, como declararon algunos jugadores holandeses y de otros países, considera que la dictadura ayudó al éxito del seleccionado argentino?

–Realmente no pude notar que Argentina haya sido beneficiada por los militares.

–¿Tampoco le provocó sospechas la goleada 6-0 sobre Perú?

–Tampoco. No pensé demasiado en ese resultado.

–¿Considera que Argentina fue un justo campeón?

–Es difícil para mí decirlo. Eran dos buenos equipos en la final, pero yo conocía más acerca de Holanda porque había jugado en PSV Eindhoven, y también lo habíamos enfrentado en nuestro grupo en el Mundial anterior, el de 1974.

–El rendimiento de su equipo había sido bueno en el Mundial de Alemania.

–Tuvimos un buen torneo y esperábamos repetir esos resultados. Antes de la Copa en Argentina le habíamos ganado a Austria (con el que compartía el grupo en el Mundial), y eso nos dio mucha confianza, a pesar de que teníamos oponentes muy duros como España y Brasil.

–Sin embargo se despidieron muy rápido.

–Sí. Empezamos con un buen empate ante Brasil y eso nos dio esperanzas para los encuentros siguientes. Pero perdimos ambos. Fue decepcionante. Nos sentíamos lo suficientemente preparados para llegar lejos, teníamos buenas instalaciones para los entrenamientos y estábamos en un buen hotel en el medio de Buenos Aires.

’En retrospectiva, sin embargo, creo que nuestro equipo del ’78 era más débil que el del Mundial en Alemania.’

(Con información del portal argentino Página12.com)

VER NOTA COMPLETA

CONTACTA AL AUTOR

Escribe un comentario directo al autor