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Enero 15, 2024 01:25 hrs.

Raúl De La Rosa › diarioalmomento.com

Política ›


Tanto el Huracán "Otis" que tocó tierra el 24 y 25 de Octubre en Acapulco, estado de Guerrero, como la secuencia de los llamados Microsismos con epicentro en la zona de Magdalena Contreras y Álvaro Obregón, de la CdMx, los días 12 y 14 de Diciembre, ambos sucesos ocurridos el pasado año 2023, nos mostraron que nuestros sistemas de prevención y alerta de desastres naturales pueden ser superados de forma inesperada y catastrófica. Tras ambos sucesos la población mexicana debe quedarse con dos enseñanzas inolvidables. La primera es que cuando la Naturaleza decide imponer su fuerza, el ser humano nada o muy poco puede hacer para aplacarla. La segunda: que la tecnología no necesariamente debe ser un mundo antagonista a la Madre Naturaleza, sino que nos ayudan a investigarla para prevenir cada vez con más precisión y antelación las catástrofes naturales.

La Tierra, una cosa de poca importancia en el universo conocido para las 4 fuerzas o interacciones fundamentales y creadoras conocidas hasta ahora: gravitatoria, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil, es el único hogar para todos los seres humanos, y en la actualidad es el escenario de las consecuencias de la revolución industrial de hace 250 años, expresada hoy en la globalización y economía del conocimiento de las sociedades.

Siempre nos hemos preguntado acerca del origen de nuestro planeta Tierra, el pequeño punto azul de nuestro sistema solar, en palabras del gran Carl Sagan; sin embargo, ésto es bastante irrelevante para la vida cotidiana. Lo que realmente importa es que todos podamos vivir en armonía y diversidad en y con la ’Madre Tierra’, para preservar el medio ambiente para las generaciones futuras. Nuestro planeta está habitado por una increíble variedad de criaturas vivientes, entre las cuales se cuentan ya, más de 8 mil millones de seres humanos en la actualidad. Éste número ha aumentado a un ritmo alarmante durante los últimos 150 años y se calcula que llegará a los 10,000 millones antes del año 2100; pero no existe ninguna certeza de que los recursos de la Tierra puedan hacer frente a las crecientes demandas, en contrario, todo nos indica que surgirá un desequilibrio apocalíptico. ¿Cuál será nuestro futuro común? Éste problema global ha sido el foco de los *reportes del llamado Club de Roma* ["Los límites del crecimiento" (The Limits to Growth) informe encargado al MIT por el Club de Roma que fue publicado en 1972, poco antes de la primera crisis del petróleo. La autora principal del informe, en el que colaboraron 17 profesionales, fue Donella Meadows, biofísica y científica ambiental, especializada en dinámica de sistemas], el *Informe Brundtland* [World Commission on Environment and Development, 1987, el informe enfrenta y contrasta la postura del desarrollo económico actual junto con el de la sustentabilidad o sostenibilidad ambiental. Realizado por la Comisión Brundtland y liderado por la ex primera ministra noruega, Gro Harlem Brundtland, el texto tiene el propósito de analizar, criticar y replantear las políticas de desarrollo económico globalizador, reconociendo que el actual avance social se está llevando a cabo a un altísimo costo medioambiental], entre otros, pero las respuestas de la sociedad son todavía insuficientes. Convirtiendo así nuestro desarrollo científico y tecnológico en un letal virus contra la Madre Tierra. Pero no necesariamente tiene que ser así.

Actualmente, la ciencia y la tecnología pueden desentrañar las múltiples y sutiles interrelaciones entre geosfera, atmósfera y biosfera, y supervisar el creciente impacto global de las actividades humanas en el medio ambiente. La observación de la Tierra desde el aire y el espacio y los sistemas de información geográfica han abierto nuevas perspectivas en éste campo. Es evidente que existen límites al crecimiento y que la actual ’violación de la Tierra’ debe detenerse y desarrollar un plan maestro para la sostenibilidad global. Éste plan no debe ser impuesto de arriba abajo, sino estar enraizado en nuestra libre y consciente voluntad y, por consiguiente, tener una estructura policéntrica. La agenda política para la globalización no debe sustentarse exclusivamente en el crecimiento económico, sino orientarse en tres ejes: sustentabilidad-balance social-requisitos económicos. ¿Podemos hacer que ésto suceda? Sí, si comprendemos que el fentanilo de la economía de mercado es "el maldito crecimiento económico", lo que nos llevaría a una reorientación de nuestras investigaciones e innovaciones tecnológicas que nos permitan perfeccionar nuestros sistemas y alarmas de prevención y atención de los inevitables desastres naturales.

Así ha sucedido recientemente con la red de fibra óptica de la isla española de La Palma, que ha servido para anticipar y monitorear la actividad del volcán y los sismos asociados. Y no es un caso aislado, sabemos que investigadores de la Universidad de Berkeley están estudiando las propiedades del cable de fibra óptica como sismómetro de alta sensibilidad. Los drones son otro avance tecnológico empleado para gestionar una emergencia volcánica. Sobrevolar la zona catastrófica ha sido clave para controlar la intensidad y dirección de la lava o de las rachas de viento de un Huracán, y poder decidir así las evacuaciones de la población. Con una perspectiva más amplia, también los satélites ’observan’ el territorio, detectando incluso la deformación del terreno en caso de sismos o también, un indicador del ascenso del magma bajo la tierra en una erupción Volcánica, o bien, de cómo se va desarrollando la trayectoria, velocidad y amplitud de un Huracán. Otra tecnología que nos avisa del peligro es la Inteligencia Artificial, IA, que está detrás de los diversos sensores ópticos y térmicos que recopilan datos constantemente en entornos naturales, pudiendo así predecir la aparición de incendios forestales e inundaciones.

Una de las grandezas de la robótica es que puede suplir al ser humano en aquellas situaciones en las que peligra su vida. El ejemplo más patente es el de los robots de desactivación de explosivos que todos hemos visto en películas, documentales y noticieros. Pero éste campo ha evolucionado de forma increíble en la última década y hoy ya se habla de los ’robots que salvan vidas’ en situaciones de catástrofe, como los desarrollados por la compañía Boston Dynamics. ¿Cómo son éstos robots? En primer lugar, están preparados para desplazarse en terrenos asolados y para ello cuentan con patas articuladas. Su fisonomía abarca desde el humanoide bípedo hasta el robot-perro, cuyas cuatro patas le confieren mayor estabilidad y capacidad para desenvolverse en terrenos complicados. Y lo más sorprendente: un asistente humano puede comunicarse con la persona damnificada a través de una Tablet que ocupa la cabeza del robot. Una vez más, el factor humano es el que da sentido a los avances tecnológicos, una premisa que deberían de compartir todos los gobiernos y todas las sociedades, todas las universidades y centros e institutos de investigación, máxime cuando el fin último de las tecnologías debería ser estar siempre con las personas frente al riesgo.

¿Eso es utopía o destino? Es destino, aunque para entenderlo debamos pagar un costo apocalíptico y la Madre Tierra no tendrá inconveniente en cobrarnos ese costo. Y nos lo explica con sismos o huracanes, que son formas innegociables que tiene la Madre Tierra de mostrarnos lo que somos.

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Sismo o huracán son formas innegociables de la madre tierra de mostrarnos lo que somos

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