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Abril 08, 2020 09:52 hrs.

José García Sánchez › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


En la historia del periodismo en México nunca se había abusado tanto de la palabra experto como en los últimos 15 meses. Mientras no haya requisitos mínimos para ser nombrado experto habrá muchos, incluso uno abajo de cada piedra.



La ambigüedad del lenguaje permite no sólo la llegada de connotaciones que sólo obligan a renovarse sino que abriga términos que otros aprovechan en beneficio de sus causas en esa línea del vocabulario se encuentra la categoría de experto.



De ahí que no todos los que nombran los medios como tales lo sean y no todo experto tiene razón, aunque para quienes alquilan sus espacios a causas del pasado o a la nostalgia le cambian a alguno el anonimato por una fama efímera y, como un plus le denominan experto.



Experto viene de experiencia, de tal suerte que cualquier persona que viva una cierta cantidad de años puede amanecer de la noche a la mañana, como un experto. No hay duda que los haya, pero la experiencia empírica no sirve para dar opiniones calificadas sobre nada, de tal suerte que no esta tener una experiencia previa en algún tema para serlo. La mayoría que han citado en los medios, incluso en primera planas, no lo son. No merecen el espacio ni puede desperdiciarse el tiempo escuchándolos o leyéndolos. Los medios sacrifican sus cotizados espacios en darles importancia, siempre y cuando estén de su lado, es decir, de la crítica a la administración pública, sacada de la manga, como los supuestos expertos.



Así, los medios encuentran en cualquiera un experto y hasta un maestro de secundaria que imparta música, para los medios se convierten musicólogo; un profesor de física, se convierte en físico y un maestro de anatomía de preparatoria en un epidemiólogo.



Bueno, hasta hay muchachitas analfabetas, cantantes que corrigen la plana a los profesionales de la salud, es decir, que un buen sinónimo de experto puede ser el vocablo famoso, porque el famoso cuenta con más espacios que los profesionales y pueden opinar de todo, y así lo consideran los medios convencionales para lanzarlos hacer declaraciones que en su gran mayoría, resultan irresponsables y dañinas en tiempos de crisis sanitaria, porque en esas rabietas y estridencias pueden morir algunos que hagan más caso de la fama que de la razón, de la admiración insulsa del conocimiento real sobre algún tema.



Los expertos pueden permitirse en los medios en situaciones ordinarias, pero resulta una gran irresponsabilidad de los medios otorgar el nombre de expertos a quienes no lo son, menos aun hablando de salud, donde la vida está de por medio.



También hay expertos de lo malo y de lo pésimo, pero la apertura del significado a sus connotaciones puede haberse de expertos de cárcel sin ser abogado sino presidiario reincidente, o en operaciones sin ser médico sino paciente, o experto en delitos y no ser detective sino infractor. En México sobran expertos, hace falta la voz de verdaderos profesionales.



Pero los medios tienen en cada línea ágata un resentimiento atorado que no les permite ver hacia adelante, tienen un exceso de pasado y aun no captan la trascendencia del presente, de ahí que para ellos sea muy fácil hablar de expertos con la ligereza que se habla de un gol de algún equipo o de un canción nueva de algún grupo musical.



Los expertos de los medios convencionales, pueden matar y sus tema no es su extracción del anonimato a una innecesaria fama sino el medio que le permite hablar sin saber en tiempos de epidemias que pueden llegar a la muerte si se hace caso de los expertos que no lo son.

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