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Julio 29, 2019 02:24 hrs.

Roberto Noriega Suárez › Puebla en Directo

Salud Internacional › USA


El renombrado cirujano cardíaco habló sobre su vida y recordó cómo sufrió durante su infancia, viendo a su abuelo -un fumador de toda la vida- morir lentamente a causa de un problema del corazón."Padecía insuficiencia cardíaca severa, que es una forma miserable de vivir", contó.

"Los pacientes con esta condición -describió- no pueden ponerse zapatos debido a que sus tobillos están demasiado hinchados, necesitan ropa más grande porque sus barrigas se hinchan y llega un momento en que no pueden dormir recostados porque les falta el aire".

El pequeño Stephen, de 7 años, estuvo presente en los últimos momentos de vida de su abuelo. "Vi cómo se ponía azul y moría sin poder respirar"

En esa época -mediados de los años 1950- la cirugía cardíaca recién empezaba a desarrollarse.

Médicos en Estados Unidos acababan de inventar la máquina de corazón-pulmón, más conocida como "la bomba", que permitía realizar un bypass cardiopulmonar: una técnica que suplementa temporalmente la función del corazón y los pulmones durante una cirugía.

Esto significó un avance gigante. Westaby se enteró de esta novedad en 1955, cuando sus padres compraron su primer televisor en blanco y negro, y vio un programa de la BBC llamado Your life in their hands ("Tu vida en sus manos"), que mostraba una cirugía cardíaca.

El accidente
Creía que podía llegar a tener talento como cirujano por algo que había descubierto su abuelo cuando él era pequeño: Stephen era ambidiestro y podía usar ambas manos con destreza.

También era muy buen alumno y fue el primero de su familia en ir a la universidad. Pero mientras estudiaba en Londres, Westaby descubrió que tenía una gran falencia: era muy tímido y nervioso.

"No me animaba a alzar la mano en clase para hacer una pregunta", recuerda.

El problema no era menor para alguien que aspiraba a convertirse en cirujano cardíaco, una profesión que requiere mucha audacia para poder tomar decisiones de vida o muerte en segundos.

Sin embargo, su problema se solucionó de la forma más inesperada.

Un día, jugando al rugby, sufrió un fuerte golpe en la cabeza que le fracturó el cráneo. El impacto dañó la parte de su cerebro que controla la inhibición y la toma de riesgos.

"De pronto, me convertí en el secretario social de la Facultad de Medicina y organizaba las fiestas", cuenta. "Muy pronto me nombraron capitán del equipo de rugby. Simplemente era más feroz".

Fue así como Westaby adquirió los tres talentos necesarios para ser un cirujano exitoso: manos hábiles, inteligencia y audacia.

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