*Tenemos con qué, pero no queremos, ¿Por Qué? *

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Enero 16, 2023 22:56 hrs.

Raúl De La Rosa › diarioalmomento.com

Política Estados › México Ciudad de México


Segunda de Cuatro Partes

Y si desde cualquier teoría del bienestar subjetivo del ser humano y a pesar de nuestra compleja herramienta, la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA), la relación humanos-Madre Tierra está desarticulada y se profundiza dicha desarticulación cada vez que el ser humano alcanza mejores niveles de vida, entonces no es posible no cuestionar _nuestro estilo de vida basado en un consumo irracional y depredador._ Y eso, en éstos días de Enero del 2023, en todo el mundo, pero siendo más específicos en Latinoamérica, y siendo muy precisos, en México, inexorablemente nos llevaría al absurdo e insulso debate político de "izquierdas y derechas". Y allí es donde todo se atora, dejando plena libertad e impunidad a quienes son "sociopatas egolatras", que como saben que no vivirán para ver el resultado de sus ecocidios, hedonicamente solo disfrutan el aquí y el ahora.

Por ello, debe surgir una clara consciencia de *qué es ser humano*, desde la moral o la ética, pero debe surgir. En estos momentos da igual si surge por la religión o la escuela, pero que surja, ahora, cuando hay ecocidios que pueden ser detenidos y los irreversibles podrían ser manejados al largo plazo. Es decir, ahora que sí hay reversa, antes del precipicio.

Hace 140 años las alarmas ya estaban encendidas, y aunque de forma poco penetrante en la sociedad se evitó la extinción, por ejemplo, de los Bisontes americanos o del Tigre de Bengala. Y cuando se dice de forma poco penetrante a la sociedad no es una frase suelta, sino una realidad que nos persigue. En el año 1900, la población mundial era alrededor de unos 1.5 mil millones, cuando las alarmas ya estaban encendidas, hoy en día somos más de 7.8 mil millones, la actividad humana se ha convertido en una pandemia depredadora para la Madre Tierra, ya cualquiera actividad humana por nuestra demografía (desde nuestra orina y defecación hasta la producción de sondas espaciales y series de TV y cine) que mantiene un fuerte impacto sobre la naturaleza, causando la desaparición de hábitats de muchas especies, debido, entre muchas otras acciones, a las emisiones de CO y a la pérdida de sus ecosistemas. Pero ¿por qué los seres humanos seguimos desechando lo que desde la primaria, de los años 1970s, se nos enseña respecto al CO y CO2?

CO2
El Dióxido de Carbono (CO2) es el resultado de la combustión completa, una reacción química en la que un hidrocarburo reacciona con el oxígeno para producir dióxido de carbono (CO2) y agua. La combustión completa suele requerir la presencia de una llama casi siempre. Por ejemplo, se está en presencia de la combustión completa cuando vemos una vela que se apaga: la cera de la vela es un hidrocarburo que reacciona con el oxígeno del aire y el calor de la mecha prendida. El dióxido de carbono (CO2) se libera en el aire como un gas incoloro e inodoro. Gran parte del dióxido de carbono de la atmósfera proviene de fuentes naturales, como los océanos, la respiración de los animales (incluidos los humanos) y las plantas, la materia orgánica en descomposición, los incendios forestales y las emisiones de erupciones volcánicas. Pero una gran parte del CO2 en la atmósfera proviene de la actividad humana (fuentes antropogénicas), sobre todo, la quema de combustibles fósiles como el carbón, el gas natural y el petróleo, debido a que la quema de éstos combustibles libera energía que se convierte en calor, electricidad, etc. Éstas actividades representan el 87% del CO2 producido por el ser humano, mientras que el otro 13% se produce *mediante la deforestación, los cambios en el uso de la tierra y los procesos industriales, como la fabricación de cemento*. Pero por supuesto, también se produce mediante procesos industriales. Por ejemplo, las plantas industriales que producen hidrógeno o amoníaco a partir de gas natural, carbón u operaciones de fermentación de gran volumen son algunos de los mayores productores comerciales de dióxido de carbono (CO2); más aún, también se produce porque tiene muchas aplicaciones en la industria de alimentos y bebidas, incluidas las bebidas carbonatadas. En forma sólida, el dióxido de carbono (CO2) es lo que conocemos como ’hielo seco’ y se usa comúnmente para el transporte de alimentos congelados o refrigerados y de materiales médicos o farmacéuticos. Finalmente, el dióxido de carbono (CO2) es un gas en gran medida no reactivo, y cuando se libera, se mezcla rápidamente en la atmósfera.

CO
A diferencia del dióxido de carbono, CO2, el monóxido de carbono, CO, (CO= un átomo de oxígeno; CO2= dos átomos de oxígeno) no se produce naturalmente en la atmósfera, es una creación del ser humano que atenta contra su vida futura. Se crea mediante la combustión incompleta de carbón, gas natural y petróleo, y ello ocurre cuando hay un suministro de aire limitado, por lo que solo la mitad del oxígeno se une al carbono y forma el monóxido de carbono. Los niveles bajos de oxígeno y las bajas de temperatura generan monóxido de carbono (CO) en la mezcla de combustión. Y lo producimos tan fácilmente y en cantidades tan grandes que ni cuenta nos damos de ello, no por ignorancia, sino por absoluta irresponsabilidad, ya que se pueden producir niveles peligrosos de monóxido de carbono (CO) en el hogar mismo o en cualquier oficina a partir de cualquier dispositivo que queme combustible, como hornos de gas, estufas de gas, secadores de gas, calentadores de agua a gas, chimeneas y *AUTOMÓVILES*. Como es un gas incoloro e inodoro, no puede identificarse sin un equipo especial. Y ni qué hablar de cualquier industria de transformación.

Pero a todo ello le debemos sumar la manera de producción agropecuaria que tenemos, un modelo de un sistema de consumo intolerable para un *sistema natural que no es infinito*, entre muchas otras causas. Y así el ser humano genera que la pérdida de hábitats, ejerza, mayor o menor presión, sobre especies de insectos que se encargan de servicios ambientales, como la descomposición de materia o procesos tan importantes como la polinización, lo que terminará causando un desequilibrio mayor del gran ecosistema que es la Madre Tierra. _El ejemplo más obvio y el más vergonzosamente ignorado es la mariposa Monarca en Michoacán y la muerte súbita que están teniendo las abejas debido al uso de herbicidas y fungicidas._ Y abusivamente omitimos, deliberada y perversamente, que, aunque los ecosistemas han sido resilientes porque tienen muchas especies que realizan la misma función esencial (si las especies dentro de tales grupos funcionales responden de diversas maneras a los disturbios), todo tiene un límite. La habilidad de un ecosistema para su organización e integridad, está relacionada con la garantía de la variedad de funciones, las cuales son resultado de las interacciones de su estructura y sus procesos, si seguimos extinguiendo hábitats, se extinguirán sistemáticamente todas, todas las especies.

Eso es obvio y es producto de nuestro estilo de vida basado en un consumo irresponsable, que nos ha llevado, no nada más al nefasto y errático concepto, sino estúpido concepto, del _sentido de propiedad hacia la naturaleza._

No somos dueños de la vida, ni de la Madre Tierra, somos sólo una de las múltiples especies que viven en ésta.

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