Tensión y racismo alrededor de la semifinal de Qatar en ciudades europeas

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Diciembre 16, 2022 00:00 hrs.

Jesús Yáñez Orozco › diarioalmomento.com

Deportes Estados › México Ciudad de México


+Fuerte operativo por el partido entre franceses y norafricanos

+Juego como metáfora de la lucha contra el colonialismo, opina sociólogo al diario mexicano La Jornada, desde un fundamentalismo académico

+ El balompié, agrega, pone en juego la identidad y la historia


Ciudad de México, (BALÓN CUADRADO/Agencias).- Con un contexto histórico enmarcado por la migración y recientes atentados, el triunfo de la selección de Francia ante Marruecos en el Mundial preveía un tensión entre aficionados que de manera inevitable se cumplió tanto en territorio galo como en Bélgica. Mientras, esa historia no se agota en un partido de futbol, plantea Marcos Roitman, doctor en sociología y colaborador del diario mexicano La Jornada

En medio de festejos y disturbios, la policía francesa detuvo a 170 personas, 100 de ellas en París. Además, también dispersó a centenares de aficionados cuando varios lanzaban fuegos artificiales alrededor del Arco de Triunfo.

La celebración se tiñó de luto en Montpellier, donde un adolescente de 14 años murió atropellado, indicó la prefectura. Las autoridades también detuvieron a un grupo de 40 personas cercanas a la ultraderecha que querían unirse a las celebraciones parisinas con armas prohibidas.

En Niza, al sur de Francia, un grupo de encapuchados insultó a la afición marroquí mientras unos y otros tiraban bengalas. Varios hombres persiguieron a los africanos, gritando: ¡Arabes fuera!, señaló el diario local Le Figaro.

De acuerdo con un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Francia tiene 8.5 millones de migrantes, la mayoría nacidos en países de África del Norte.

Sin embargo, después de los atentados en 2015 en París por un grupo yihadista se reavivó el racismo, así como la islamofobia, lo cual se vio reflejado ahora en los festejos por el pase de Les Bleus a la final en Qatar.

Ante el temor de que se detonaran enfrentamientos, el gobierno de Francia movilizó a 10 mil efectivos de la policía y la gendarmería en un operativo que utilizó al menos 5 mil agentes sólo en la región de París.

Miles de aficionados, custodiados por el fuerte dispositivo policial, se reunieron en los Campos Elíseos para el festejo. On est en finale, on est en finale (Estamos en la final, estamos en la final), entonaban centenares de franceses reunidos pese al frío en la célebre avenida parisina.

En Bélgica, otro de los países con gran número de migrantes marroquíes, la policía dispersó con agua y gases lacrimógenos a una multitud.

Inagotable

La semifinal entre Francia y Marruecos no se agota en un partido de futbol, plantea Marcos Roitman, doctor en sociología y colaborador del diario mexicano La Jornada –de supuesta izquierda--, órgano oficioso del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Ese encuentro alcanzó los registros de una metáfora de la lucha anticolonialista, de los condenados de la tierra -como en el célebre libro de Frantz Fanon- que invadieron la cancha de un centro del poder.

Lo que detona el futbol como acontecimiento colectivo, de raigambre popular, aunque el capitalismo se lo haya robado, es algo mucho más profundo porque no sólo es la competencia en una cancha, sino lo que se juega a su alrededor, como la identidad y que involucra a la historia, o qué otra cosa es ese partido con los goles de Maradona a Inglaterra en México 86, plantea.

El futbol es mucho más que una pelota sobre el césped porque se trata de un hecho simbólico que construye colectividad, nos dice Roitman, coautor junto al ex entrenador argentino Ángel Cappa del libro Futbol y política. Conversaciones desde la izquierda. Y cuando lo dice también piensa en esa fuerza de convocatoria en los patios escolares donde las mochilas son porterías, las bolas de papel las pelotas y también en ese fenómeno que se multiplica en multitudes que sienten solidaridad por un instante o por largos periodos en la historia.

Ese futbol, en tanto acontecimiento colectivo, hace pueblo, expresa Roitman; el capitalismo se apropió de esta manifestación, le impuso reglas y una forma de consumo, pero lo que sigue vigente en el balompié es su espontaneidad, su forma de interpelar las emociones y a la gente, el placer del juego, porque no debemos olvidar que el futbol también tiene un gran poder de emancipación.

Aunque el origen del futbol proviene de los colectivos sindicales y proletarios, terminó por convertirse en un negocio. El capitalismo se apropió del juego y se los arrebató a los aficionados. Eso, sin embargo, no le ha quitado que aún sea un deporte esencialmente popular. Se sigue jugando en las calles de los barrios y en los colegios, en los potreros o los llanos, añade.

No debe ignorarse que el Mundial, y por tanto el balompié, también corrió una cortina y dejó ver una realidad que el poder no quie-re mostrar. Detrás del discurso que pregona la igualdad de las naciones y la pureza ética del deporte, hemos visto la corrupción, la explotación y el racismo.

En las horas previas a la segunda semifinal, Francia desplegó un operativo de 10 mil efectivos de la policía y la Gendarmería. Cinco mil de esos guardias estaban concentrados en París. En ese país hay más de un millón de migrantes de origen marroquí. Bélgica, sobre todo en Bruselas, hizo otro tanto.

Ese despliegue no sería igual si la semifinal no fuera ante Marruecos sino contra otro país europeo, sostiene Roitman; lo que queda al descubierto es la mirada colonial, el poderoso que desprecia al otro, no importa si nació en Francia pues no deja de ser el otro, y que desde la mirada hegemónica no deja de representar una amenaza. Es la vigencia del neoconservadurismo que teme a la migración, pero la explota, la racializa y la segrega.

Si Francia hubiera perdido habría sido algo parecido a una humillación, porque el poderoso minimiza al dominado, aun cuando la mayoría de los jugadores de Marruecos lo hacen en las ligas de Europa y catorce de ellos nacieron en ese continente.

Para Francia era como el choque de la Civilización contra la Barbarie y una derrota hubiera subvertido su sistema de valores, plantea.

Todo esto puede verse, si se quiere, en un solo partido. En el discurso dominante de organizaciones, medios de comunicación y clubes se insiste que deporte y política no se mezclan, pero eso lo dice el poder, precisa Roitman.

Y concluye, desde un fundamentalismo académico:

’No dejemos que la derecha se apropie de la interpretación de lo que nos significa el futbol como acontecimiento colectivo e identitario y como placer de las multitudes’.

(Con información del diario La Jornada)

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