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Diciembre 18, 2019 02:29 hrs.

Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

Entretenimiento Nacional › México Ciudad de México


A pesar de que es lo más ’natural’ del mundo, pues nacemos sin ropa, la desnudez es todo un tema de la ciencia, la cultura y el arte en general.
Hay muchos hombres que mueren desnudos. Y a otros, como acabamos de enterarnos, los desnudan vivos.
Pero no hay tanto morbo.
Nutrir el archivo con escritores a quien se admira, es dar un paso en la vida cultural. Y publicar éste, como hacemos con otros, nos permite destacarlos.
Y don Ramón Ojeda Mestre así lo explica.
Cuando los atrabiliarios hotentotes de cualquier país y etapa de la historia quieren atormentar a alguien, lo encueran, física o mediáticamente, social o individualmente.
Aun así, tiene tal belleza y mensaje la fisonomía humana, que los grandes artistas de la humanidad han esculpido o pintado el cuerpo de un hombre o de una mujer.
Lo mismo Miguel Ángel Buonarroti que Leonardo Da Vinci, Diego Ribera, Siqueiros u Orozco, Modigliani o Goya, Picasso o Dalí, Raúl Leal o Yandi Monardo, Van Gogh o Rubens y Rembrandt, Giotto o Durero.
Él o la que recordemos, Monet, Manet, Gaugin, Kandinski, Renoir o Boticelli, como dicen ustedes los mexigringos: you name it you get it.
Pero una cosa es posar desnuda, como la viuda del ex director de Pemex el Ingeniero Jorge Díaz Serrano Helvia Martínez Verdayes quien se desvistió a los 16 años para que se usara su voluptuosidad en la estatua de Diana La Cazadora que hoy por hoy admiramos en el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México.
O la secretaria del general Porfirio Díaz, Ana María Mazadiego Fernández que posó para lo que hoy es el Ángel de la Independencia. Y otra cosa, muy especial y aleatoria, es morir desnuda.
Morir desnuda, como señala también el título de una obra de Alexa Habana, es un hecho singular, y que al parecer sólo sucede, casualmente, por tragedias excepcionales, como el caso de la gran escritora mexicana Rosario Castellanos, autora de muchas grandes obras como ’Mujer que sabe latín’, ’Oficio de Tinieblas’ o ’Balún Canán’ entre otras.
Ella es considerada una gran chiapaneca y fue embajadora de México en Israel, donde murió a los 49 años cuando salió de la tina en su casa, electrocutada por un corto circuito mientras trataba de contestar el teléfono.
Es una escritora indispensable para entender el fenómeno del maltrato hacia la mujer, la discriminación a los indígenas y otros asuntos cruciales.
También Marilyn Monroe murió desnuda y convertida desde hacía mucho en leyenda.
Vale la pena leer el extraordinario poema que le dedicó Pier Paolo Pasolini quien muriera cruelmente asesinado en 1975 y también el poema Ernesto Cardenal.
Interesante que la última llamada telefónica que hizo Marilyn fue a su expareja José Bolaños, un mexicano guionista de cine, poco antes de que fuera encontrado su cadáver el 5 de agosto de 1962 a los 35 años de edad y un año antes del asesinato del presidente John F. Kennedy con quien mantuvo relaciones muy cercanas.
Esto lo consigna el gran escritor mexicano Rafael Ramírez Heredia en su libro ’Con M de Marilyn’.
En fin, muerte y desnudez hacen un binomio intrincado, tal vez sórdido o, como muchos afirma, purificador.
No creo que, como dicen algunos, Alfonsina Stormi se haya suicidado desnuda. La depresión de Alfonsina sí era real, pero su motivo era el cáncer de tres años.
Y su muerte en el mar también fue real, pero en lugar de caminar aguas adentro, Alfonsina se lanzó desde el espigón —un macizo saliente en la costa— de la playa La Perla, en Mar del Plata, y su cuerpo fue hallado a la mañana siguiente por dos obreros que pasaban.
En el lugar se ha erigido el monumento, al que cada 25 de octubre se acercan cientos de personas a honrar la memoria de Alfonsina y en la escultura aparece una insinuación de vestido, aunque algunos digan que es la espuma del mar en una alegoría.
No, no da lo mismo morir con ropa que sin ella, como no es lo mismo poner los pies en la tierra que andar descalzo, pero para efectos de la reflexión es interesante o apasionante el tema.
Pero no hay tanto morbo.
craveloyglindo@gmail.com

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