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Febrero 27, 2020 10:49 hrs.

José García Sánchez › diarioalmomento.com

Política Nacional › México Ciudad de México


La improvisación en el liderazgo de Acción Nacional se ha convertido en el peor enemigo de ese partido. La desesperación por figurar como partido político vigente lo hace ver cada vez más inestable políticamente e inconsistentes ideológicamente.

La falta de congruencia de ese partido se fusiona con la carencia de memoria y de conocimiento histórico, que juntos lo ponen contra la pared que parece no tener mejor enemigo que los miembros de su cúpula.

Quieren atacar al actual gobierno por la tardanza en investigar la muerte de niños y llega a la memoria los lamentables hechos en la Guardería ABC, quieren participar en manifestaciones feministas y les recuerdan que nunca han enarbolado esa bandera, que es incompatible ciento por ciento con lo que sucede actualmente. Quieren Condenar los feminicidios y surge de la memoria de los mexicanos aquel 26 de febrero de 2007, cuando soldados violaron a una mujer de 73 años, en Zongolica, y el entonces gobernador de Veracruz, el priísta Fidel Herrera, y el presidente de la República, Felipe Calderón, decidieron dar la noticia como si se tratara de una gastritis mortal.

La ola de protestas feministas agarran por sorpresa la historia de Acción Nacional debido a que es un tema que desconocen totalmente. Nunca se preocuparon por expresiones auténticas de la población y se concentraron en las exigencias de la élite mexicana a la que sirvieron desde 1939, año de su fundación.

Marko Cortés intenta asomar la cabeza al presente y se encuentra que su pasado lo condena. A pesar de que el choque con la realidad representa una invitación a tomar conciencia sobre tiempo que viven, les convoca a dejar el pasado como forma de vida para que puedan instalarse en un presente que siempre se han resistido a habitar.

El líder nacional del PAN exige al gobierno actual terminar con los feminicidios mientras que los integrantes de su partido no sólo lo permitían sino que impulsaban la violencia en las calles del país, declarada por Felipe Calderón, a través de una guerra contra el narcotráfico que nadie quería librar, en la cual hubo 121 mil muertos, más de la mitad eran mujeres, cuyo deceso fue calificado sólo como ’daño colateral’.

Los panistas continúan con consignas que a pesar de que pasaron muchos años, insisten en imponer como reglas de conducta a la sociedad mexicana, esos resquicios medievales son los que chocan con cualquier movimiento del presente y son precisamente esas ideas las que los colocan alejados de la preferencia electoral.

Es en ese extravío entre tiempos y espacios donde en lugar de tomar su posición de partido político de oposición, simplemente toma los micrófonos para descalificar todo lo que haga la actual administración sin reparar en que buena parte de la situación actual del país se debe a que hubo excesos en sus presidentes, sus líderes, sus legisladores, sus jueces y fiscales.

El PAN debe tomar conciencia del lugar que habita, del tiempo que vive y de la trascendencia de su responsabilidad política. Porque se comporta como un disco rayado que siempre dice lo mismo. De otra manara perderá su registro que pareciera ser su objetivo principal.

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