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Noviembre 27, 2023 20:47 hrs.

Raúl de la Rosa › diarioalmomento.com

Política ›


La innovación está ya sobre la mesa a la hora de poner en marcha los proyectos de obras y ciudades inteligentes y abre múltiples oportunidades de negocio que van desde la concesión de infraestructuras ya existentes para su modernización, hasta la construcción de otras nuevas bajo unos parámetros que resultarían pioneros y exportables a otros países. Los expertos detectan una clara oportunidad para que Iberoamérica tome impulso en un momento como el actual de recesión postpandemia COVID-19. Particularmente en Mx, debemos ser capaces de crear soluciones en éste mismo país para detener y revertir en lo posible nuestra casi absoluta dependencia del exterior, incluso venderlas fuera de México, de igual modo que alguna vez sucedió con el desarrollo de Industria de la Construcción. Sin industria pesada, nuestro fuerte de cara al exterior sólo pueden ser el de la tecnología y la inteligencia.

Muchas empresas mexicanas, públicas y privadas, tienen claro que hay campo abonado para las alianzas estables entre compañías Iberoamericanas de construcción y grandes firmas tecnológicas. La hiperconectividad existente como base para el desarrollo de infraestructuras inteligentes, es una base sólida para que cada vez haya más tipos de sensores, más capacidad de almacenamiento y sistemas para ordenar y presentar esa información. Es un momento de clara expansión para los desarrolladores de aplicaciones, pues destacará cada día más la importancia de la implantación de modelos tecnológicos basados en ecosistemas.

Pero desde éste punto de vista, el avance de las tecnologías en Iberoamérica topa con un entorno que ha venido evolucionando a golpe de modestas subvenciones. Y es que la tecnología incidirá en una mayor eficiencia de carreteras, edificios, aeropuertos, etcétera, pero las administraciones públicas y privadas deben dar un giro a sus presupuestos para que eso sea una realidad.

Ésta última idea implica la necesidad de que los gobiernos y empresas se vuelquen en convertir los avances tecnológicos en modelos de negocio y no en simples prototipos.

Por ejemplo, la empresa española Ferrovial ya tiene la experiencia de haber desarrollado la autopista 407 ETR de Toronto (Canadá) como otra en la ciudad de Birmingham (Reino Unido). En Toronto fueron capaces de identificar un vehículo en su autopista incluso cuando llevaba la matrícula cubierta por nieve. Del mismo modo la tecnología permite controlar el número de ocupantes de un vehículo para activar políticas comerciales; facilita el pago a través de transpondedores con el simple hecho de pasar bajo un pórtico, o implanta aplicaciones relacionadas con las redes sociales en aeropuertos para facilitar el flujo de información entre pasajeros o la de éstos con el operador del aeropuerto y con las aerolíneas.

Y es que se debe apostar porque los ayuntamientos vayan centralizando, en un número mínimo de proveedores, la gestión de residuos, limpieza viaria, jardinería, alumbrado, etcétera, con plazos de ejecución, incluso con concesiones y empresas den base tecnológica, superiores a las actuales. Las empresas deben cumplir parámetros de calidad y no por la cantidad de efectivos que dedican a un contrato. Se trata de que adapten su oferta a la demanda de la ciudadanía y que estos interactúen con las empresas públicas o privadas.

La empresa española Ferrovial ya ha dado sus primeros pasos en lugares como la citada Birmingham, donde opera múltiples servicios desde un centro de control que está abierto al contacto con los habitantes de la ciudad, que son parte activa a la hora de informar para que la empresa tome decisiones en torno a los servicios que presta. Porque toda empresa Iberoamericana de construcción, no debe seguir en los patrones de hace 70 años, ahora deben hacer gestión energética, por ejemplo, en redes de centros deportivos mediante que les comprometan a promover mayores eficiencias y ahorros. Con herramientas como software que detecten dónde se gasta energía y cómo se puede recortar sin rebajar prestaciones. Para ello las empresas deben colaborar con las universidades y crear sus propios centro de investigación.

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